Introducción
En nuestra sociedad se cree,
erróneamente, que el masaje es un lujo,
y solo se acude a él cuando se le necesita. Sin embargo, teniendo en cuenta el
incremento de las enfermedades relacionadas con la tensión y el estrés, el
masaje y cualquier terapia manual deben ser integradas a la vida diaria y han
de considerarse como un método preventivo.
A la edad adulta hay muchas
molestias que pueden aliviarse gracias al masaje, sobre todo el dolor de cuello
y espalda ocasionado después de un día agotador por las tensiones sufridas ya
sea en la oficina o cansancio muscular originado por trabajo físico o ejercicio
excesivo.
Origen
La práctica de esta maravillosa terapia natural data
de tiempos muy antiguos, teniendo su origen en la India, China, Grecia y Roma.
Incluso el masaje está citado en la literatura de la más remota Antigüedad,
habiéndose registrado la primera noticia sobre el mismo en el Nei Ching, un texto médico chino escrito
2500 años AC.
Hoy, la ciencia del masaje (del griego “masso”
que significa amasar, dar masajes) se sustenta en fundamentos sólidos y bien
reconocidos, los cuales deben ser aplicados en forma inteligente y efectiva por
el especialista para tratar dolencias.
Sus efectos
Para mi como Kinesióloga, el masaje es una herramienta
terapéutica infaltable en las sesiones con mis pacientes. El masaje permite
entrar en contacto directo tanto con la persona como con su dolencia de una manera cálida y
sensitiva. El masaje, música suave y aromas agradables contribuirán a la
relajación tanto física como psíquica, lo que ayudará a una recuperación corporal
más rápida.
Además, el masaje puede significar un viaje
hacia la comprensión de nosotros mismos, en el que se nos revelará el
sentimiento de estar relajados y en armonía interior, al tiempo que
experimentamos el placer de sentir que nuestro cuerpo puede respirar y moverse
con libertad.






